Texto elaborado a partir del artículo del Profesor Carballo "Innovación, método y grupo de trabajo"
Un proceso innovador se puede representar como una espiral.
Un proceso innovador se puede representar como una espiral.
Esto porque, sí ésta última nunca deja de girar y de abrirse, ampliándose más cada vez que vuelve a pasar por su punto inicial, de la misma manera el proyecto implica “un proceso de aprendizaje”, dentro del cual se acumulan saberes que, por medio de “la práctica”, se convierten en experiencias con las cuales se aprende y mejora cada vez más. En ambos una nueva dimensión se incorpora en cada etapa.
El proceso de innovación se construye por un conjunto de acciones que forman una experiencia. Sobre ésta se alternan análisis y proyecto hacia la identificación de un horizonte y valores y finalmente se aplica, ejecuta y renueva a partir de estas nuevas experiencias que permiten de mejorar lo aprendido.
Es posible paragonar el método que se adopta para la innovación a las etapas de una investigación científica. De hecho tenemos:
- análisis,
- interpretación/modelización,
- desarrollo,
- contraste.
Experiencia, realidad y su dinámica
La acción-experiencia (que corresponde a acción-investigación) está a la base de todo. Se le vincula el análisis que permite saber dónde estamos, donde queremos llegar y que hemos hecho. Gracias a ésta se puede dar sentido a la realidad, punto de partida de cada proyecto y contenedor de la historia presente, pasada y futura del mismo.
Realidad= Cliente
El cliente da un reforzamiento de lo real, una mayor dimensión.
La realidad de una organización son en orden:
- sus clientes (más importantes para la innovación)
- su mundo interno, (personas, grupos e interrelaciones),
- proveedores, competencia, accionistas.
Para que en ésta se pueda dar una innovación, es importante que se reconstruya a partir de sus propias experiencias, su entorno compartido.
Si se quiere transformar la experiencia en análisis y comprensión, en interpretación de lo real, se necesita el Grupo de Trabajo.
Del cliente al proyecto
Las necesidades del cliente presuponen una buena base para la superación que precede la innovación. El proyecto permite dar sentido a nuestras acciones, experiencias y a las necesidades del cliente porque es “una forma coherente de combinar las estrategias y de darles horizonte, sentido, finalidad última”. Tiene que ser sobre todo un sistema realizado contando con la fuerzas internas de la organización, es decir el grupo de trabajo. Sin ellas es imposible un proyecto a largo plazo que atienda a la complejidad de lo real.
La solidez del proyecto basada en la Calidad y la Comunicación
El proyecto nos guía y en su aplicación se apoya sobre calidad e intercomunicación.
Esto se traduce en “la metodología del grupo de trabajo, donde se da la calidad de la intercomunicación, la cooperación, la colaboración, la interacción entre los participantes, y la dinámica del intercambio y de la interdependencia”.
La calidad es un bien inmaterial y se hace posible a partir de las aportaciones personales de los participantes del grupo de trabajo. Su colaboración permite la realización de la cualidad.
Del proyecto a su gestión y dirección
La dirección, para que pueda permitir avances y acompañar el proyecto innovador en todas sus fases,
tiene que transformarse en sus formas, estilo y maneras de hacer, proporcionando más autonomía, auto-gestión, participación, democracia y libertad a las redes grupales.
Se necesitan por lo tanto Planes de Desarrollo de Directivos Innovadores, capaces de facilitar, liderar, analizar y estar en grupo favoreciendo los espacios de comunicación y aprendizaje.
Para evitar bruscos cambios ante las crisis hay que trabajar en la mejora continua, adelantándose a las necesidades del cliente.
El grupo de trabajo implica saber trabajar con esta metodología y dominar sus posibilidades, trabajar por proyectos complejos y heterogéneos, además de conocer la diferencia entre proyectos impuestos desde arriba y desde abajo.
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